Creían tener toda una vida por delante hasta que la tragedia los golpeó.

Con el amanecer, la tormenta por fin dio tregua sobre la carretera, pero la calma que trajo la luz del día solo hizo más evidente el vacío atroz que dejaba su partida. En las casas de ambos quedaron sus camas tendidas, sus ropas listas para la semana laboral y los proyectos apuntados en una libreta sobre el buró; testimonios silenciosos de dos vidas jóvenes que salieron a una reunión sin imaginar que un charco en el camino, una curva y un golpe de mala suerte bastarían para borrar para siempre el futuro que con tanto amor habían empezado a construir.

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