Cada uno siguió su camino.
Otras desaparecen en medio de preguntas.
Un día todo estaba bien.
Después la persona comenzó a alejarse.
Respondió menos.
Cambió.
Y finalmente desapareció.
Nunca hubo una explicación suficiente.
Entonces tu mente intenta terminar una historia que quedó abierta.
Piensas:
“¿Qué hice mal?”
“¿Cuándo cambió?”
“¿Había otra persona?”
“¿Por qué nunca me explicó?”
“¿Qué habría pasado si hubiera insistido?”
El problema es que puedes repetir estas preguntas durante meses y no conseguir una respuesta.
Porque quizá la única persona que podría responderlas ya no está dispuesta a hacerlo.
Eso genera algo difícil de aceptar:
A veces tendrás que seguir adelante sin comprender completamente por qué ocurrió algo.
El cierre no siempre llega mediante una conversación perfecta.
En ocasiones llega cuando decides:
“Nunca sabré todo, pero ya sé suficiente para con
2. ES POSIBLE QUE NO EXTRAÑES A LA PERSONA, SINO CÓMO TE SENTÍAS A SU LADO
Esta diferencia puede cambiarlo todo.