Casi todos reaccionaron igual.
Casi.
Mi hermana Paige cayó de rodillas, completamente pálida.
Florence dio un paso hacia atrás.
Y el rosario de plata que había sujetado durante todo el funeral se le resbaló de los dedos y cayó junto a la tumba.
──────────────────────
Escribe ATAÚD y continuaré.
(Sé que quieres saber qué sigue. Continúa leyendo en los comentarios de abajo.)Parte 2:
El rosario todavía estaba en el suelo cuando levanté la mirada y vi algo que me heló más que el aire de aquella mañana: Brenda ya no estaba junto a mi madre.
Caminaba lentamente hacia la salida.
No corría. No gritaba. Ni siquiera volteaba hacia Vivienne, que seguía respirando dentro del ataúd mientras esperábamos la ambulancia.
Gemma también la vio.
Me agarró del brazo con tanta fuerza que sus dedos se hundieron en mi abrigo.
—Papá… ¿por qué se está yendo la tía Brenda?
No supe qué contestar.
Miré a Brenda acercarse a la reja y después volví la vista hacia mi esposa. Horas antes, esa misma mujer había organizado el traslado, los documentos, las flores y cada detalle del entierro con una rapidez que yo había confundido con eficiencia.
Entonces recordé a Maeve afuera, su bolsa de tela, las cartas, las fotografías y aquella prueba de ADN que yo me había negado a mirar.
Vivienne seguía respirando.
Eso significaba que nunca había muerto.
Y por primera vez entendí que la pregunta ya no era cómo podía seguir viva, sino quién necesitaba que yo creyera que estaba muerta.
Brenda llegó hasta la reja y puso la mano sobre ella.