—Ojalá cumpla.
Poco a poco, la vida dejó de girar alrededor del divorcio. Lucía recibió un ascenso. Mateo volvió entusiasmado con el inglés y empezó a hablar de estudiar ingeniería. Ricardo se acostumbró a pagar renta, crédito, pensión alimenticia y sus propios gastos.
Meses más tarde intentó acercarse.
—La gente comete errores.
Lucía negó con la cabeza.
—Un error es tomar una salida equivocada en el Periférico. Tú mentiste casi dos años, vaciaste nuestros ahorros, inventaste viajes, pagaste una hipoteca, pediste un crédito y luego quisiste que yo pagara la mitad. Eso no fue un error. Fueron decisiones.
Ricardo no volvió a pedirle regresar.
Una mañana de otoño, Mateo buscaba un paraguas.
—Mamá, ¿dónde está el chiquito que teníamos?
Lucía abrió el clóset y encontró al fondo una funda vieja y vacía.
Era la del paraguas que había regalado aquella tarde de lluvia.