Lucía buscó mensajes antiguos de Ricardo.
Encontró uno de la misma fecha:
“Ya me autorizaron el crédito. Con eso arreglamos varias cosas de la casa.”
En la casa de Lucía no se había arreglado nada.
Y entonces llegó lo peor.
Ricardo, sentado frente a ella durante el desayuno, propuso vender el departamento familiar.
—Nos divorciamos, vendemos, repartimos y cada quien empieza de cero.
—¿Y el crédito de seiscientos cincuenta mil?
Ricardo ni parpadeó.
—Se tomó durante el matrimonio. La deuda es de los dos.
En ese instante Lucía comprendió el plan completo.
Ricardo había vaciado los ahorros, invertido dinero en la casa de Paola, adquirido una deuda para terminarla… y ahora quería repartir con su esposa la deuda que había financiado su segunda vida.
Pero Ricardo todavía no sabía que Lucía ya había presentado la demanda.
Ni que su propia madre estaba a punto de destruir la mentira con la que pensaba defenderse.