Cuando entregué mi viejo paraguas a una joven con un bebé empapado, jamás imaginé que ella salvaría mi futuro con una sola frase: “Mira el bolsillo oculto del maletín de tu marido”. Esa noche descubrí que nuestros ahorros para la universidad de mi hijo estaban desapareciendo y había un anillo para otra mujer. No lloré ni grité… empecé a guardar pruebas, y él aún no sabía lo que venía.

PARTE 3

Tres días después llamó Elena, la madre de Ricardo.

—Lucía, mi hijo dice que quieres quitarle el departamento y el coche. ¿Qué está pasando?

Lucía respiró antes de responder.

—Sólo quiero preguntarle una cosa. ¿Usted le dio cuatrocientos ochenta mil pesos para el enganche de un departamento de una mujer llamada Paola Méndez?

Hubo un silencio largo.

—¿Qué departamento? Yo no tengo ese dinero.

Esa misma noche Ricardo visitó a su madre. Al día siguiente Elena volvió a llamar, indignada.

—Me pidió que, si alguien pregunta, diga que sí se los regalé. Que puedo decir que fui juntando el dinero en efectivo.

—¿Y qué le respondió?

—Que no voy a mentir por él.

Con esa llamada, la segunda versión de Ricardo se cayó.

Daniel ya había solicitado al juzgado los movimientos bancarios necesarios para seguir el rastro del dinero y medidas para impedir que los bienes discutidos se vendieran apresuradamente.

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