La trabajadora social confirmó que no había señales de coerción ni de manejo indebido de dinero: Samuel no tenía acceso a ninguna cuenta de la anciana. Pero Roberto insistió con la casa. Fue entonces cuando Susana sacó unos documentos de la mesita de noche y reveló que había vendido su casa dos meses antes de mudarse. Una parte del dinero cubría sus cuidados; el resto, tras su muerte, iría a un centro para adultos mayores sin familia cercana.
Cuando Roberto la acusó de desheredarlos por un asilo, ella respondió con serenidad que para desheredar habría tenido primero que haber pensado en dejarles algo. Y añadió una frase que definió todo: «Ustedes son mis parientes. Samuel se comportó como mi familia.»
La última conversación
Una noche, mientras Samuel volvía a hablar de Ana, Susana le tomó la mano y le dijo algo que lo detuvo: seguía intentando salvar a su hermana con cada medicamento, con cada vigilia nocturna, con cada revisión de su respiración. Le recordó que había cometido un error con el que tendría que vivir, pero que si convertía el resto de su existencia en un castigo, perdería dos vidas en lugar de una.
1 thought on “Cuando la enfermedad de Susana se agravó, Samuel notó una mañana que las cortinas seguían cerradas al mediodía.”