Dentro del piso, por primera vez en 30 años, no quedaba nada que esconder.
Y Elena comprendió que la verdadera justicia nunca había sido ver morir a Mauricio aterrado por su propio engaño.
Tampoco ver a Lorena perder el dinero que creyó suyo.
La justicia era aquella mesa.
2 hombres que habían sobrevivido a las decisiones de sus padres.
Una casa donde nadie necesitaba fingir.
Y la certeza de que el secreto que había mantenido a Elena prisionera durante 3