Esperé que se riera de mí.
Pero en lugar de eso dijo:
— Mi madre siempre me enseñaba tu foto y decía: “Mira. Esto es lo que pasa cuando tomas malas decisiones.”
Se quedó callada un momento.
Luego añadió:
— Pero te veo venir a clase todos los días. Creo que mi madre se equivocó contigo.
Esa fue la primera vez que sentí que la historia que la gente contaba sobre mí quizá finalmente podía empezar a cambiar.
Tres años después me gradué.
Cinco años después ya trabajaba como contadora en una pequeña empresa.
Luego, en mi tiempo libre, empecé a ayudar a pequeños negocios con su contabilidad.
Al principio tenía tres clientes.
Luego diez.
Después treinta.
Ocho años más tarde abrí mi propio despacho de contabilidad.
Para el décimo año ya tenía doce empleados.