—Mi mamá dice que tenía una hermana gemela llamada Lily —susurró—. ¿Crees que yo le habría caído bien?
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas.
—Te habría querido muchísimo.
La niña sonrió.
—Entonces, yo la querré por las dos.
—¿Cómo te llamas, cariño? —le pregunté.
—¡Hope!
Al escuchar aquel nombre, que significa «esperanza», me derrumbé.
Durante los meses siguientes, fuimos construyendo nuestra relación poco a poco. Sarah y su marido, David, nos abrieron las puertas de su hogar y nos permitieron formar parte de la vida de Hope.
Eliam y yo también acudimos a terapia de pareja para afrontar el daño que había causado su silencio y recuperar la confianza en nuestro matrimonio.
El día en que Lily habría cumplido siete años, Hope llevó siete lirios blancos a su tumba y dejó junto a la lápida una pulsera de la amistad igual a la que ella llevaba.