—Adrian está destrozado.
Casi me reí.
—Entonces ve a consolarlo. Parece que tienes experiencia.
Silencio.
—No es lo que piensas.
—Nunca lo es.
—Adrian y yo nos conocemos desde antes que tú.
—Eso sí lo sé.
—Éramos muy cercanos.
—También lo sé.
—Estuvimos juntos.
No respondí.
Mi mano se quedó quieta sobre el escritorio.
—¿Cuándo?
Vanessa respiró.
—Antes de que te conociera.
—¿Y después?
—No.
La mentira fue demasiado rápida.
—Tengo las reservas de hotel.
Silencio.
—No sabes lo que significan.
—Suite en París. Cuatro noches. Una cama.
—Adrian estaba pasando por un momento difícil.
Cerré los ojos.
Era increíble.
Incluso su amante utilizaba el mismo lenguaje que él.
Siempre existía una explicación.
—¿Por eso te pagó el apartamento?
—Me debía dinero.
—¿Por eso pagó tus gastos médicos?
Esta vez Vanessa tardó más en contestar.
—¿Quién te habló de eso?