DESPUÉS DE AQUELLA BOFETADA, RECHACÉ SUS 47 LLAMADAS Y VOLÉ DIRECTO A HEATHROW

Parecía no haber dormido.

Cuando me vio caminar hacia el coche, avanzó.

—Clara.

El chófer dio un paso, pero levanté la mano.

—Está bien.

Adrian se detuvo frente a mí.

Sus ojos fueron directamente a mi mejilla.

La marca casi había desaparecido.

—Tenemos que hablar.

—Habla.

Miró al chófer.

—En privado.

—Ya no tienes derecho a pedirme privacidad.

Su mandíbula se tensó.

—¿En serio vas a hacer esto aquí?

—Fuiste tú quien cruzó un océano y apareció sin invitación frente a mi casa.

—Nuestra casa está allá.

—Tu casa.

—Clara…

—Mi hogar es donde está mi hija.

Él respiró profundamente.

—Me equivoqué.

—Sí.

—No debería haberte golpeado.

—No.

—Estaba enfadado.

—Eso no cambia nada.

—Vanessa estaba llorando. Tú la empujaste.

Lo miré durante varios segundos.

Ahí estaba.

La verdadera disculpa.

No: “No hay excusa.”

Sino: “No debería haberlo hecho, pero…”

—¿Terminaste?

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