Según Carolina, Elena había llegado a confrontarlo.
Arturo le exigió silencio.
Años después, cuando sufrió el derrame cerebral, él comenzó a tratar su incapacidad para hablar como una garantía de que nunca podría denunciarlo.
Sentí náuseas al escucharlo.
La mujer que había pasado cuatro años atrapada en una cama también había vivido con el miedo de saber demasiado.
Carolina aseguró además que Arturo tenía deudas tan graves que los acreedores amenazaban con quitarle todo.
Ella conocía su pasado y lo utilizaba para presionarlo.
Quería que vendiera la casa y se marcharan juntos.
Pero no podían vender legalmente una propiedad que pertenecía a Elena sin su consentimiento.
Entonces empezaron a hablar de qué ocurriría si ella muriera.
Arturo podría intentar reclamar derechos hereditarios, cobrar el seguro y resolver parte de sus deudas.