Los análisis posteriores identificaron sustancias medicamentosas que no correspondían al tratamiento prescrito a Elena. Los peritos explicaron que su administración inadecuada podía agravar gravemente sus condiciones hepáticas y renales.
Aquello no había sido solamente abandono.
Había indicios de un daño deliberado y prolongado.
Mientras se desarrollaba la investigación, Daniel y yo permanecíamos junto a Elena siempre que el hospital nos lo permitía.
Su vientre disminuyó de tamaño después de que los médicos trataron la acumulación de líquido, pero el daño en sus órganos era muy grave.
Una tarde, Daniel me preguntó algo que todavía recuerdo palabra por palabra.
—Lucía, ¿cómo pude vivir en esa casa sin darme cuenta?
Estábamos sentados frente a una máquina de café del hospital.
Tenía los ojos hundidos y llevaba dos noches durmiendo apenas unas horas.