Los médicos consiguieron estabilizar algunos de los valores de Elena, pero su organismo seguía muy debilitado.
Cada mañana esperábamos noticias con una esperanza que parecía hacerse más pequeña.
A veces abría los ojos cuando escuchaba nuestras voces.
Otras veces permanecía profundamente dormida.PARTE 3
Cuando llegamos al área de cuidados intensivos, encontramos a dos enfermeras intentando impedir que una mujer entrara en la habitación de Elena.
Tenía unos cuarenta años, el cabello teñido de rubio y una bata blanca sobre su ropa. En una mano sostenía una bolsa de plástico; con la otra intentaba apartar a una de las enfermeras.
—¡Me están haciendo perder el tiempo! —gritaba—. ¡El esposo de la paciente me autorizó a traerle su medicamento!
—Aquí nadie puede administrar sustancias sin una orden médica —respondió la enfermera.
Daniel se quedó paralizado.