Mientras el personal médico la estabilizaba, recibimos un mensaje de un número desconocido.
«Si quieren que Elena salga viva del hospital, dejen de investigar a Arturo y no busquen a Carolina».
Daniel me miró horrorizado.
—¿Quién es Carolina?
Le conté todo lo que había escuchado durante aquellas llamadas nocturnas.
También recordé unos documentos que Arturo había escondido semanas atrás. Uno mencionaba la escritura de la casa, que pertenecía a Elena porque la había heredado de sus padres.
Otro tenía el nombre de una aseguradora.
—Tu papá está intentando quedarse con algo —le dije—. Y esa mujer podría estar ayudándolo.
En ese momento apareció Arturo en el pasillo.
No preguntó por la salud de su esposa.
Traía una carpeta y exigió que Daniel firmara una autorización que le permitiría tomar todas las decisiones médicas en nombre de Elena.