Ella pensó unos segundos.
—Que deje de ahorrar tanto en sí misma. Que compre ropa bonita, duerma más y nunca vuelva a confundir paciencia con resignación.
El auditorio rió y aplaudió.
Esa noche recibió un mensaje de un número que no tenía guardado.
“Felicidades.”
Mariana supo quién era.