Debajo encontró una bolsa sellada.
Dentro había cientos de cápsulas.
Las mismas que él llevaba tres años entregándole como “vitaminas”.
Mariana había descubierto la mentira mucho antes y había fingido tomarlas.
Otra cámara mostró a Mariana salir con el frasco experimental y arrojar discretamente cuatro cápsulas a una coladera.
No había tomado el veneno.
Había planeado su desaparición.
Alejandro se dejó caer contra la pared.
La nota no había sido una despedida suicida.
Había sido una ruptura.
Dos días después, don Rafael volvió acompañado por abogados.
Alejandro se levantó de golpe.
—¿La encontró?
—Sí.
—¿Está bien?
—Está viva. Está segura. Y no quiere verte.
Un abogado dejó una carpeta frente a él.
Demanda de divorcio.
La firma de Mariana estaba en la última página.
Alejandro no tocó la pluma.
—Solo quiero hablar con ella una vez.