Después de tres años engañándome con anticonceptivos, mi marido dejó sobre la mesa cuatro cápsulas peligrosas y dijo con indiferencia: “Son de calcio”. Yo reconocí lo que eran, fingí tomarlas y esa misma noche desaparecí. Él creyó que su descuido me había matado; lo que no sabía era que mi ausencia activaría un testamento, millones en contratos y la caída de toda su familia.

Don Rafael se inclinó hacia él.

—Vivió contigo más de mil noches. ¿Cuántas veces quisiste hablar con ella entonces?

Alejandro no supo responder.

Antes de marcharse, don Rafael dejó una última frase:

—Mañana Mariana volverá a aparecer en público. Y cuando México sepa quién es realmente, tu familia entenderá todo lo que perdió.

La puerta se cerró.

Alejandro miró la demanda de divorcio y comprendió que la verdad todavía no había terminado de caer sobre ellos.

PARTE 3

Al día siguiente, Mariana apareció en la transmisión nacional del Congreso Mexicano de Innovación Farmacéutica.

Alejandro la vio desde su oficina.

No llevaba la ropa gris y gastada que usaba en casa de los Cárdenas. Vestía un traje blanco sencillo, el cabello recogido y la espalda completamente recta. Detrás de ella, una pantalla mostraba su nombre:

Dra. Mariana Salazar.

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