Después del accidente, mi esposo canceló mi seguro, vació nuestros ahorros y apareció con su nueva mujer para decirme: “Arréglatelas sola”. Yo permanecí en silencio porque acababa de heredar 26 millones de dólares y todavía nadie lo sabía. Cuando ella regresó para mostrarme el anillo que él le había comprado con nuestro dinero, encontró una carpeta de herencia junto a mi cama… y entendió que algo enorme estaba a punto de cambiar.

En entrevistas decía que estaba viviendo “su mejor etapa”.

Renata hablaba de abundancia, manifestación y energía de millonaria.

Ninguno decía que ya habían recibido avisos de cobranza.

Yo no tuve que perseguirlos. Bastó con dejar que siguieran tomando decisiones.

El contrato de Renata con Varela llegó en el momento perfecto. Era la campaña más importante que le habían ofrecido: anuncios nacionales, eventos y una suma suficiente para hacerle creer que podría rescatar su estilo de vida.

Nuestro abogado le explicó cada apartado.

—Hay una cláusula de conducta pública —le advirtió—. Acoso, difamación comprobada o acciones que dañen a la marca pueden cancelar el contrato y generar penalizaciones.

Renata ni siquiera levantó la vista de su celular.

—Sí, sí. ¿Dónde firmo?

Firmó.

Dos días después, recibió la invitación a la gala anual del Grupo Montemayor en un hotel de Reforma.

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