También teníamos pruebas de las firmas falsificadas y de movimientos que podían constituir fraude.
Cerré la carpeta.
—No quiero destruirlo por capricho —le dije a Gabriel—. Quiero que responda por lo que hizo.
Luego miré una foto de Renata presumiendo un collar de Varela en redes.
—Y a ella envíenle el contrato que tanto desea.
Gabriel entendió.
—¿Con cláusula de conducta?
—Con todas las cláusulas.
Una semana después, Mauricio y Renata recibieron dos invitaciones VIP para la gala anual de Grupo Montemayor.
Creyeron que habían encontrado la puerta que los salvaría.
No sabían que yo estaría del otro lado.
PARTE 3
Durante meses Mauricio creyó que yo había desaparecido porque estaba derrotada.
Mientras yo aprendía a caminar, él aprendía a mentir mejor.
Se casó con Renata en un hotel de Polanco, rodeado de flores importadas, fotógrafos y gente a la que apenas conocía. La boda costó más de lo que todavía tenía. Para pagarla pidió préstamos privados, refinanció su camioneta y comprometió comisiones futuras de su negocio inmobiliario.