Después del accidente, mi esposo canceló mi seguro, vació nuestros ahorros y apareció con su nueva mujer para decirme: “Arréglatelas sola”. Yo permanecí en silencio porque acababa de heredar 26 millones de dólares y todavía nadie lo sabía. Cuando ella regresó para mostrarme el anillo que él le había comprado con nuestro dinero, encontró una carpeta de herencia junto a mi cama… y entendió que algo enorme estaba a punto de cambiar.

También teníamos pruebas de las firmas falsificadas y de movimientos que podían constituir fraude.

Cerré la carpeta.

—No quiero destruirlo por capricho —le dije a Gabriel—. Quiero que responda por lo que hizo.

Luego miré una foto de Renata presumiendo un collar de Varela en redes.

—Y a ella envíenle el contrato que tanto desea.

Gabriel entendió.

—¿Con cláusula de conducta?

—Con todas las cláusulas.

Una semana después, Mauricio y Renata recibieron dos invitaciones VIP para la gala anual de Grupo Montemayor.

Creyeron que habían encontrado la puerta que los salvaría.

No sabían que yo estaría del otro lado.

PARTE 3

Durante meses Mauricio creyó que yo había desaparecido porque estaba derrotada.

Mientras yo aprendía a caminar, él aprendía a mentir mejor.

Se casó con Renata en un hotel de Polanco, rodeado de flores importadas, fotógrafos y gente a la que apenas conocía. La boda costó más de lo que todavía tenía. Para pagarla pidió préstamos privados, refinanció su camioneta y comprometió comisiones futuras de su negocio inmobiliario.

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