Mauricio asintió.
—Rezamos por ella.
Yo estaba detrás de una pantalla escuchando al hombre que había cancelado mi seguro fingir que pagaba mi recuperación.
No sentí rabia.
Sentí certeza.
Cuando entraron al salón descubrieron que su mesa estaba al fondo, cerca de la puerta de servicio. Renata hizo una escena y amenazó con despedir al mesero cuando conociera a la presidenta.
—La ubicación fue aprobada personalmente por ella —respondió el jefe de salón.
Mauricio la obligó a sentarse.
Minutos después apareció Claudia, mi hermana, cargando una charola de copas. Había aceptado trabajo temporal de catering porque sus deudas habían aumentado.
Al ver a Mauricio, se acercó aliviada.
—Por fin. Me debes el dinero por haber encontrado a Alejandra.
Mauricio palideció. Varias personas voltearon.
—No sé quién es esta mujer —dijo en voz alta.
Claudia creyó que bromeaba.
—Mauricio, soy Claudia.