“Primero nace el niño de Mariana. Después hacemos la prueba de la niña. Si sale positiva, yo me encargo de que Mariana entienda. No puede irse con el heredero.”
Leí esa última frase tres veces.
No estaban improvisando.
Habían apostado a mi cansancio, mi posparto y mi miedo.
Y todavía faltaba descubrir cuánto dinero había usado Sebastián para sostener aquella doble vida.
PARTE 3
Salí del hospital cinco días después con Mateo en brazos, puntos que todavía ardían y una certeza que me sostuvo mejor que cualquier analgésico: no iba a regresar a la casa donde todos conocían una verdad menos yo.
Mi madre me llevó a su departamento en la colonia Del Valle. No era grande, pero había una habitación libre, café caliente y ninguna persona pidiéndome que “entendiera” una traición por el bien de la familia.