Aquella noche regresé a casa de Margaret.
Estaba sentada en la cocina.
En mi lugar habitual me esperaba otro vaso.
Lo miré.
Ella se apresuró a decir:
“Esta vez no tienes que beberlo.”
Me senté.
Aquella noche regresé a casa de Margaret.
Estaba sentada en la cocina.
En mi lugar habitual me esperaba otro vaso.
Lo miré.
Ella se apresuró a decir:
“Esta vez no tienes que beberlo.”
Me senté.