Ernesto vivía modestamente porque así lo prefería.
No porque fuera pobre.
Además, la casa de San Pedro donde Arturo había gritado “sal de mi casa” había sido comprada por Mariana antes del matrimonio con recursos provenientes de la venta de acciones que heredó de su madre.
Arturo se quedó inmóvil.
—¿La casa está a tu nombre?
—Desde antes de conocerte.
Teresa dejó caer la mirada hacia la mesa.