El lunes cogí el tren a Valencia. Desde entonces voy cada dos semanas. Luis me espera en la estación y nos tomamos un café antes de ir a casa. No hemos vuelto a estar juntos ni creo que lo estemos. Pero ahora somos otra vez padres, los dos, del mismo hijo.
Lo que no consigo quitarme de la cabeza es por qué Álvaro se lo contó a su padre y no a mí.
¿Por qué a veces los hijos esconden su dolor precisamente a la madre? ¿Os ha pasado algo así?
Si esta historia te ha emocionado, compártela con tus seres queridos.