“Daniel.”
Javier bajó la voz.
“Estás nervioso.”
El contador continuaba descendiendo.
00:02:41.
Alejandro se acercó a Javier.
“¿Recibiste ese cuaderno?”
“No.”
“¿Seguro?”
“Por supuesto.”
Alejandro no insistió.
Todavía no.
Sacó su teléfono.
“Llamad a Lucía.”
Uno de los técnicos lo intentó.
Nada.
Otro marcó desde una línea interna.
Tampoco.
Daniel encontró su contacto y llamó desde su móvil personal.
El teléfono sonó 4 veces.
“Vamos, Lucía…”
Entonces respondió una voz infantil.
“¿Sí?”
Daniel se quedó desconcertado.
“¿Sofía?”
“Sí.”
“Soy Daniel, trabajo con tu madre. ¿Está ella?”
Hubo un pequeño silencio.
“Mamá está durmiendo.”
Daniel miró a Alejandro.
“Tenemos una emergencia.”
La niña guardó silencio otra vez.
Después se oyó el teléfono alejarse.
“Mamá.”
Nada.
“Mamá, te llaman del trabajo.”
Una voz agotada apareció al fondo.
“Diles que ya no trabajo allí, cariño.”
Alejandro cerró los ojos.
Aquella frase dolió más de lo esperado.