Era una lista escrita a mano:
“Medicinas: $1,460.”
“Consulta: $600.”
“Despensa: $840.”
“Renta: lo que alcance.”
Al final había una frase:
“Perdón, señor Cárdenas. No estoy huyendo. Solo necesito un poco más de tiempo.”
Alejandro cerró los ojos.
Sacó varios billetes de su cartera y los dejó sobre la mesa.
Lucía los vio.
—No puedo agarrarlos.
—¿Por qué?
—Mi mamá dice que nunca debemos tomar dinero que no ganamos.
Alejandro se quedó sin respuesta.
Lucía volvió a coser.
La máquina comenzó a sonar otra vez.
Tac, tac, tac.
Sus pequeños pies movían el pedal cada vez más despacio.
Hasta que su cabeza cayó hacia adelante por el cansancio.
Alejandro alcanzó a sostenerla antes de que golpeara la mesa.
—Lucía…
La niña abrió los ojos inmediatamente.
—Estoy bien. Me faltan seis.
—Ya no vas a coser hoy.
—Pero necesitamos pagarle a usted.