Aquellas palabras lo dejaron inmóvil.
Entonces escucharon una llave entrando en la cerradura.
La puerta se abrió.
Una mujer delgada, de unos treinta y tantos años, apareció sosteniendo una bolsa de farmacia.
Al ver a Alejandro junto a su hija, perdió el color del rostro.
—Señor Cárdenas…
Miró el sobre abierto.
Luego los billetes sobre la mesa.
—Por favor —dijo Mariana—. No nos saque. El viernes puedo darle otros $1,500.
Alejandro iba a responder cuando algo cayó de la bolsa de farmacia.
Era un documento doblado.
Lucía corrió a recogerlo.
Pero Alejandro alcanzó a leer el encabezado antes de que Mariana se lo quitara.
No era una receta médica.
Era una notificación dirigida a Mariana relacionada con el mismo edificio.
Y abajo aparecía claramente el apellido Cárdenas.
Su apellido.
—¿Qué es eso? —preguntó Alejandro.
Mariana apretó el documento contra el pecho.
—Nada que tenga que ver con usted.