El millonario llegó furioso a cobrar tres meses de renta atrasada

—Mi apellido está ahí.

La mujer guardó silencio.

Alejandro extendió la mano.

—Mariana… déjeme verlo.

Ella retrocedió.

Y entonces Lucía dijo algo que hizo que ambos adultos se quedaran completamente quietos.

—Mamá, ¿ese es el papel que dijiste que nunca debía ver el dueño?

Alejandro dejó de mirar a la niña.

Clavó los ojos en Mariana.

Porque acababa de comprender que los tres meses de renta atrasada quizá no eran la verdadera razón por la que esa familia estaba en problemas.

Y que alguien relacionado con su propia empresa podía saber exactamente lo que estaba pasando.

—Enséñeme ese documento —dijo.

Mariana respiró hondo, abrió lentamente la hoja y señaló una firma al final de la página.

Alejandro reconoció el nombre de inmediato.

Era alguien en quien llevaba años confiando.

Y justo cuando empezó a leer lo que esa persona había hecho con Mariana y Lucía…

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