El multimillonario fingió viajar a Canadá porque sospechaba que su ama de llaves hacía algo a sus hijas cuando él no estaba. Regresó en secreto y encendió las cámaras ocultas… Pero 45 minutos después

Me detuve en el pasillo.

Cada palabra me golpeaba porque había una parte cierta.

Yo nunca estaba.

Empresas.

Juntas.

Viajes.

Inversionistas.

Construcciones.

Había trabajado toda mi vida diciendo que lo hacía por mis hijas, mientras poco a poco me convertía en un extraño dentro de mi propia casa.

Renata siguió:

—A su padre le importan más sus empresas que 2 niñas caprichosas.

Entré a la sala.

—Termina esa frase.

Nadie se movió.

Renata giró lentamente.

El teléfono casi se le cayó.

—¿Alejandro?

No contesté.

—¿Qué haces aquí? Tu avión…

Pasé junto a ella.

Me arrodillé delante de mis hijas.

Valeria retrocedió medio paso.

Eso me destruyó.

Mi propia hija parecía tener miedo de mi reacción.

—Valeria.

Le extendí las manos.

—Sofía.

Mi voz se quebró.

Perdónenme.

Valeria me miró.

—¿Estás enojado?

—¿Con ustedes?

Sofía se escondió detrás de Marisol.

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