El multimillonario fingió viajar a Canadá porque sospechaba que su ama de llaves hacía algo a sus hijas cuando él no estaba. Regresó en secreto y encendió las cámaras ocultas… Pero 45 minutos después

Renata empezó a respirar rápido.

—Alejandro, escucha.

—Te estoy escuchando.

—Era una inversión.

dinero.

—Nuestro dinero.

La miré durante varios segundos.

—No existe ningún nuestro.

Renata se derrumbó.

—Yo iba a ser tu esposa.

—Ya no.

Los agentes le pidieron que los acompañara para esclarecer las acusaciones y formalizar la denuncia.

Renata reaccionó con furia.

—¡Todo esto es por ella!

Señaló a Marisol.

—¡Esa mujer te está manipulando!

Sofía se aferró a mi pierna.

Renata la vio.

—Ella quiere ocupar mi lugar.

Me acerqué.

—Marisol no necesitó manipularme.

Señalé discretamente una de las cámaras ocultas en una esquina.

—Tú misma me mostraste quién eres.

Cuando los agentes la condujeron hacia la entrada, Renata se resistió.

—¡Alejandro! ¡Vas a arrepentirte!

No respondí.

—¡Ella es una simple empleada!

Entonces miré a Marisol.

Después miré a mis hijas.

—No.

Renata se detuvo.

—Es la persona que protegió a mis hijas cuando yo no estaba.

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