Las puertas se cerraron.
Y por primera vez en años, mi enormecasa quedó completamente en silencio.
No era un silencio vacío.
Era alivio.
Me senté frente a Marisol.
Valeria y Sofía seguían junto a ella.
—Necesito saber toda la verdad.
Marisol dudó.
—¿Desde cuándo ocurre esto?
—Casi 4 meses.
Sentí vergüenza.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
Valeria respondió antes que ella.
—Sí te dijimos, papá.
No pude mirarla.
—Te dijimos que Renata era mala cuando tú viajabas.
Recordé perfectamente aquella noche.
Yo estaba contestando correos mientras Valeria intentaba hablar conmigo.
—¿Qué respondí?
Mi hija bajó la mirada.
—Que dejáramos de hacerle difícil la vida.
Cada palabra dolía.
—También dijiste que Renata iba a convertirse en nuestra nueva mamá.
Sofía agregó:
—Y que teníamos que portarnos mejor.
Me cubrí la cara.
Yo había fallado.
No por falta de dinero.