El policía humilló a un abuelo en el parque sin saber que estaba tocando al hombre equivocado

Don Manuel no contestó.

Ricardo preguntó:

—¿Le sacaste identificación?

—Nada. Ni cartera, ni móvil. Sospechoso.

Mentira.

El móvil estaba en el bolsillo interior del chaleco de don Manuel.

Sergio no lo había encontrado.

Don Manuel lo sabía.

Y no dijo nada.

Esperaba.

Sergio volvió a mirarlo.

—La gente como usted siempre cree que puede salirse con la suya. Hoy no.

Don Manuel habló por primera vez desde que arrancaron.

—Agente Molina, cuando lleguemos a comisaría, revise mis huellas con mucho cuidado.

Sergio soltó una carcajada.

—Eso haremos. Y cuando salgan limpias, igual le caerán los cargos.

Don Manuel se recostó.

Su voz ya no sonaba como la de un hombre indefenso.

Sonaba como una puerta cerrándose.

—Cuando esas huellas salgan en pantalla, usted necesitará un representante sindical y un abogado excelente.

Ricardo se removió incómodo.

—Molina, conduce.

La radio volvió a sonar.

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