El regreso silencioso: cuatro años en Canadá y una verdad enterrada en el patio trasero

—Dos. Dos citas en once meses.

La trampa que ellos mismos aceptaron firmar

Ayudé a Fedra a ponerse de pie y anuncié que la llevaba al hospital. Selina se plantó en la puerta acusándome de haber desaparecido cuatro años para ahora regresar a tratar a mi familia como criminales. Me subí la manga de la camisa y les mostré las quemaduras y cortes que había acumulado en el taller.

—Trabajé noches enteras. Dormí con cuatro hombres en un cuarto. Pasé dos navidades completamente solo para que a ustedes no les faltara nada.

—Y no nos faltó —contestó Selina.

Miré a Fedra.

—A ella sí.

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