Y quizás esa sea la parte más hermosa de su historia.
No eran parientes de sangre. No se conocían desde la infancia. Simplemente eran dos vecinos que se abrieron el corazón el uno al otro.
A veces, la familia no es la que nos toca por nacimiento.
A veces, es la persona que vive al otro lado del pasillo la que decide estar ahí cuando más la necesitamos. Él tenía 31 años. Ella, 89. Lo que comenzó como una simple amistad entre vecinos se convirtió en uno de los ejemplos más hermosos de bondad.
Cuando Chris Salvatore se mudó a un edificio de apartamentos en West Hollywood, no imaginaba que la anciana que vivía al otro lado del pasillo se convertiría en una de las personas más importantes de su vida.
Se llamaba Norma Cook, y su amistad comenzó con un cordial saludo y una invitación a compartir una copa de champán.