ÉL CREYÓ QUE SU ESPOSA LUCHARÍA POR ÉL… ELLA SOLO INCLINÓ LA CABEZA, ABANDONÓ LA HACIENDA Y NUNCA REGRESÓ

PARTE 2
Sebastián dijo:

“Elena y yo hemos decidido tomar caminos separados.”

Fue una mentira pequeña en número de palabras y enorme en todo lo demás.

Elena no había decidido nada.

Ni siquiera sabía que aquella cena terminaría con el anuncio público del fin de su matrimonio.

Durante tres semanas había visto a Sebastián caminar por la hacienda dando instrucciones a empleados, revisando manteles, cambiando lugares en las mesas y hablando por teléfono con abogados y ejecutivos del fondo de Monterrey. Ella creyó que estaba nervioso por el acuerdo empresarial. Incluso la mañana de la cena le había dejado una taza de café junto a su computadora y había acomodado su corbata antes de que saliera de la habitación.

“Todo va a salir bien”, le había dicho.

Sebastián había respondido con un beso distraído en la frente.

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