PARTE 1
—¿Quince días fuera y ni una sola llamada? ¿Así de poco te importa tu marido?
Adrián aventó la maleta junto a la entrada y dejó caer las llaves sobre la consola. Venía de un supuesto viaje de negocios a Monterrey y traía esa expresión de hombre ofendido que durante años había usado para hacerme sentir culpable.
Yo seguí sentada en el sillón, con una taza de té entre las manos.
—Sí te llamé.
Él frunció el ceño.
—No me llegó nada.
—Te marqué hace tres noches, a las nueve con quince.
Le mostré el registro: tres minutos con veinte segundos.
Adrián palideció.
—Esa noche estaba cenando con clientes.
—Qué raro. Porque contestó una mujer.
El silencio cayó de golpe.
—Me dijo que estabas bañándote. Se llama Daniela, ¿verdad?
Adrián abrió la boca, pero no salió nada.
—Y antes de colgar escuché a un niño gritar: “¡Papá!”. Por la voz, debe tener unos tres años.
La mano con la que había estado señalándome quedó suspendida.
—Mariana, déjame explicarte…
—Claro. Pero primero abre esto.
Empujé hacia él un sobre grueso.
La primera hoja era la demanda de divorcio.
Después venían fotografías: Adrián, Daniela y un niño pequeño en un parque, comiendo en un restaurante, entrando a un departamento en Interlomas.
Parecían una familia feliz.
—Esto está manipulado —murmuró.
—Sigue.
Las páginas siguientes eran estados de cuenta.
Transferencias desde nuestra cuenta común hacia Daniela. La primera tenía casi tres años. La última se había hecho el día que Adrián salió de casa jurando que la empresa necesitaba dinero urgente.
En total: casi siete millones de pesos.
Adrián se dejó caer en una silla.
—Ella me presionó. Yo iba a devolverte todo.
—¿También te presionó para pagarle el departamento, la camioneta y la guardería del niño?
Sus ojos se llenaron de pánico.
Saqué otra carpeta.
—Y parte de ese dinero ni siquiera era nuestro. Tres millones salieron de tu empresa mediante facturas infladas y proveedores fantasma.
—No sabes de lo que hablas.
—Tu contador ya entregó copias.
Entonces se arrodilló.
—Mariana, por favor. Dejo a Daniela. Vendo todo. Te regreso el dinero.
Retiré la pierna cuando intentó abrazarme.
Mi teléfono comenzó a sonar.
Era su madre, Elvira.