—Memoria del dispositivo llena.
Diego dejó de sonreír.
Leticia me observó.
Saqué el teléfono con calma.
—Perdón. Es la alarma de mis medicamentos.
Ella relajó el rostro.
No sabía que Fernando estaba dos mesas detrás con otra grabadora.
Aquella noche ocurrió algo todavía mejor.
Mauricio apareció en la casa donde creía que estaba Mariana.
Desde el interfón dijo:
—Don Roberto, puedo hacer desaparecer documentos. Trabajo con escrituras todos los días. Si cooperan, esto puede resolverse.
Raúl, que estaba conmigo, grabó cada palabra.
Pero la verdadera sorpresa llegó a la mañana siguiente.
Iván llamó casi gritando.
—Encontré algo.
—¿Qué?
—Una vecina de Diego grabó el día en que echaron a Mariana.
La señora se llamaba Ofelia.
Había estado filmando las plantas de su balcón cuando escuchó los gritos.
El video duraba cincuenta y dos segundos.