Pero el borrador que habían preparado buscaba usar el inmueble como respaldo para conseguir financiamiento.
Necesitaban mi consentimiento.
Por eso Rodrigo llevaba meses intentando que firmara.
No habían podido hacerlo sin mí.
Y eso explicaba su desesperación.
Pensé que ya entendía todo.
Me equivocaba.
Dos días después, la directora de la escuela de Camila me llamó.
—Señora Laura, necesitamos hablar sobre una situación relacionada con su hija.
Mi corazón volvió a acelerarse.
Fui inmediatamente.
La maestra de Camila estaba allí.
También la orientadora escolar.
Sobre el escritorio había un cuaderno.
—Encontramos esto hace aproximadamente un mes —explicó la maestra—. Camila lo dejó en el salón.
Era su cuaderno personal.
Me lo entregaron.
Las primeras páginas eran dibujos, frases, tareas.
Después comenzaron las fechas.
“Abuela dice que mamá nos va a dejar sin casa.”
“Papá dice que si hablo, será mi culpa.”