Ella respondió sin dudar:
—Macarrones con queso.
Elena la miró.
—Podías pedir cualquier cosa.
—Precisamente.
Cuando pusieron el plato delante de ella, Clara se quedó en silencio.
Recordó aquella noche.
El suelo frío.
La voz de Mercedes.
El miedo a que su madre perdiera el trabajo.
La vergüenza de tener hambre.
Álvaro también lo recordó.
—¿Está bien?
Clara asintió.
—Sí.
Comió 2 cucharadas.
Después miró a Elena.
Su madre tenía su propio plato.
No estaba diciendo que ya había cenado.
No estaba apartando comida para el día siguiente.
Simplemente estaba cenando.
Clara sonrió.
Álvaro abrió una pequeña caja y colocó las 2 antiguas insignias sobre la mesa.
La de Julián.
La de su padre.
—Deberían quedarse juntas —dijo.
Elena negó.
—No.
Álvaro pareció sorprendido.
Elena entregó la insignia de Julián a su hija.
—Esta es de Clara.
La niña la sostuvo con cuidado.