Al principio creyó que encontraría simple rigidez.
Descubrió algo distinto.
Las facturas de productos de limpieza eran aproximadamente un 30 % superiores a los precios reales.
Algunos proveedores cobraban servicios duplicados.
Había registros de horas extra del personal que aparecían como abonadas, aunque varios trabajadores aseguraban no haber recibido esas cantidades.
También figuraban comidas especiales para eventos celebrados en fechas en las que Álvaro ni siquiera estaba en España.
Llamó al contable externo.
Después habló individualmente con cada trabajador.
La primera persona tardó casi 20 minutos en atreverse a responder.
La segunda cerró la puerta antes de hablar.
La tercera preguntó:
—¿Mercedes va a saber lo que digamos?
Aquella pregunta fue suficiente.
Durante años, Mercedes había construido un sistema basado en algo más eficaz que los gritos.
El miedo.
Controlaba horarios.
Decidía quién podía cambiar un turno.
Autorizaba anticipos.
Manejaba proveedores.