Había esperado 29 años por ese día. Pensé que, cuando todo terminara, por fin podría mirarme al espejo sin sentir vergüenza… Pero apenas tres días después, me encerré en el baño y, llorando, le dije a mi madre: “Creo que acabo de cometer el mayor error de mi vida.”

Antes de que me llevaran, el médico se sentó a mi lado.

—Durante los primeros días, quizá te mires al espejo y no te reconozcas. Por favor, no te asustes.

Intenté reírme.

—Solo quiero que todo esto termine.

Unas horas después, abrí los ojos en una habitación del hospital.

El primer día fue difícil.

El segundo fue todavía peor.

Pero al tercer día me enviaron a casa.

Aquella noche, mi madre salió de la habitación durante unos minutos.

Me levanté.

Caminé lentamente hacia el baño.

Encendí la luz.

Y por primera vez me miré de verdad en el espejo.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Me acerqué.

Después retrocedí.

Las manos empezaron a temblarme.

Cuando mi madre entró, yo ya estaba llorando.

Corrió hacia mí.

—¿Qué pasó?

No podía apartar la mirada de mi reflejo.

Y solo fui capaz de decir una cosa.

—Mamá… creo que acabo de cometer el mayor error de mi vida.
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Mi madre no dijo nada durante varios segundos.

Se acercó y se quedó a mi lado.

—Mírame —dijo.

Negué con la cabeza.

—No puedo.

En ese momento no me reconocía.

Mi rostro se veía tan diferente que mi cerebro parecía negarse a aceptar que la persona frente al espejo era yo.

—¿Y si me quedo así? —susurré.

—No te vas a quedar así.

—No puedes saberlo.

—El médico explicó que durante los primeros días sería exactamente así.

Me senté en la pequeña silla junto a la pared del baño.

—Tal vez me veía mejor antes.

Mi madre guardó silencio durante un largo momento.

Después tomó mi mano.

—No tomaste esta decisión en un solo día. Llevabas años pensándolo. No decidas que todo este camino fue un error solo por tres días difíciles.

Pero aquella noche no le creí.

Casi no dormí.

Cada vez que cerraba los ojos, volvía a ver a la persona que había visto en el espejo.

Al cuarto día ni siquiera quería abrir la cámara de mi teléfono.

Pero antes de que todo esto comenzara me había hecho una promesa.

Iba a documentar todo el proceso.

No solo el bonito resultado final.

Así que coloqué el teléfono sobre la mesa y me tomé una fotografía exactamente como estaba.

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