En ese momento no me reconocía.
Mi rostro se veía tan diferente que mi cerebro parecía negarse a aceptar que la persona frente al espejo era yo.
—¿Y si me quedo así? —susurré.
—No te vas a quedar así.
—No puedes saberlo.
—El médico explicó que durante los primeros días sería exactamente así.
Me senté en la pequeña silla junto a la pared del baño.
—Tal vez me veía mejor antes.
Mi madre guardó silencio durante un largo momento.
Después tomó mi mano.
—No tomaste esta decisión en un solo día. Llevabas años pensándolo. No decidas que todo este camino fue un error solo por tres días difíciles.
Pero aquella noche no le creí.
Casi no dormí.
Cada vez que cerraba los ojos, volvía a ver a la persona que había visto en el espejo.