Delante estaban nuestra hija, nuestra casa y una vida imperfecta que por fin nos pertenecía.
Porque el día de nuestra primera boda yo creía que amar significaba prometer estar juntos frente a un altar.
Después entendí algo mucho más difícil.
El amor empieza antes.
Empieza cuando escuchar la verdad de la persona que amas puede costarte reputación, dinero, comodidad y hasta la aprobación de tu propia familia… y aun así decides no darle la espalda.
A Lucía intentaron quitarle sus tierras, su nombre y su futuro.
Pero hubo algo que su tía nunca pudo arrebatarle.
El derecho a contar lo que realmente le había ocurrido.
Y quizá por eso, incluso hoy, cada vez que alguien en San Bartolo comienza una frase diciendo “dicen que esa mujer…”, siempre aparece alguna voz vieja que responde:
—Antes de juzgarla, pregúntale a ella.