Solo yo había sido definida como alguien que no era “familia directa”.
Emily bajó la carta.
—Eso no fue lo que quise decir.
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Daniel no contestó.
—Daniel, fue una cena —insistió ella—. Una cena.
Él dejó los documentos sobre la cama.
—Mi mamá vendió su casa para ayudarnos a conseguir esta.
—Yo nunca dije que no ayudara.
—Y hoy le dijiste que se quedara cuidando la casa.
Emily abrió la boca, pero Daniel siguió.
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—También le dijiste que calentara sobras.
—Porque había comida.
—Mientras estabas cenando con tu mamá.
Eso sí la hizo callar.
Daniel tomó su teléfono.
Me llamó.
Yo ya estaba lejos de ahí.
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No había ido a un hotel elegante ni a casa de alguna amiga para hacer una escena al día siguiente.
Había reservado por unos días una habitación sencilla donde pudiera pensar sin escuchar puertas, lavadoras, niños llamándome desde el pasillo o a Emily preguntándome si había visto una blusa.