La Dejaron Fuera De La Cena, Pero La Casa Aún Estaba A Su Nombre-mdue

Daniel preguntó si podía verme al día siguiente.

Acepté, pero con una condición.

—Vienes solo.

—Está bien.

—Y no vengas a convencerme de regresar.

Hubo unos segundos de silencio.

—Entonces, ¿para qué quieres que vaya?

—Para hablar como hijo y madre. No como dueño de una casa y la mujer que te dobla la ropa.

A la mañana siguiente llegó temprano.

Traía los mismos documentos dentro del sobre de papel manila.

Yo había dormido poco, pero por primera vez en mucho tiempo había despertado sin pensar qué desayuno debía preparar para cinco personas.

Nos sentamos frente a frente en una mesa pequeña.

Daniel colocó el sobre entre nosotros.

—Quiero entender qué vas a hacer con la casa.

No me sorprendió la pregunta.

Había imaginado que llegaría tarde o temprano.

—Antes quiero saber qué entiendes tú.

Daniel se pasó una mano por el cabello.

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