Sobrinos, sobrinas y un hijastro tuvieron excusas: trabajo, hijos, falta de espacio, problemas personales. Entonces Samuel le ofreció la habitación libre de su casa. Susana se resistió al principio, temiendo convertirse en una carga, pero él insistió.
Acusaciones y una verdad inesperada
Hay encuentros que ocurren en el momento exacto, cuando dos personas cargan heridas distintas pero comprensibles la una para la otra. Esta es la historia de Samuel, un joven atrapado en la culpa por la muerte de su hermana, y de Susana, su vecina de 76 años, quien enfrentaba una enfermedad terminal sin nadie de su familia dispuesto a acompañarla.
Una culpa que no dejaba dormir
Ocho años atrás, Ana, la hermana menor de Samuel, tenía 21 años. Una noche llamó desesperada tras una discusión con su novio, pidiéndole ayuda. Samuel estaba en una fiesta, había bebido y no podía manejar, pero en lugar de admitirlo le dijo que tomara un taxi. Fueron sus últimas palabras hacia ella. Ana decidió caminar sola y un conductor a exceso de velocidad la atropelló pocas cuadras después. Murió antes de que llegara la ambulancia.