Mariana salió rumbo al trabajo mientras ellos tomaban café.
—No escuches sus historias, Lucía. Mejor pregúntale cuándo va a dejar de jugarse la vida por unos pesos.
—Ya voy a vender el camión —respondió Andrés.
—Eso espero. Porque mi paciencia se acabó.
Una semana después, el comprador confirmó. Andrés sólo debía llevar el tráiler a un patio cerca de Celaya, firmar el traspaso y volver en autobús.
Antes de salir, Mariana lo abrazó por primera vez en meses.
—Ten cuidado.
Andrés arrancó convencido de que aquel viaje cerraba una etapa.
Nunca llegó.
A las 3:17 de la madrugada, Mariana recibió una llamada de un hospital de Irapuato. Otro tractocamión había invadido el carril contrario. Andrés estaba vivo, pero tenía fracturas múltiples, una lesión severa en la cadera y daño importante en una pierna.