Lo encontré casi inconsciente junto a mi portón, con las manos cortadas y la ropa destrozada. Durante una semana solo escribió en un cuaderno porque supuestamente no podía hablar. Cuando le pregunté si alguien lo buscaba, negó con la cabeza. Horas después, su propia madre apareció diciendo: “Llevamos dos meses creyéndote muerto”… y yo dejé el lápiz sobre la mesa.

El traumatólogo fue claro: habría cirugías, meses de rehabilitación y gastos que el seguro no cubriría por completo. Probablemente Andrés caminaría otra vez, pero manejar carga pesada sería casi imposible.

Mariana entró a la habitación.

Andrés apenas podía abrir los ojos.

—Mari… perdóname.

Ella no le tomó la mano.

—¿Cuánto debemos?

Él comenzó a llorar.

Mariana salió al pasillo, sacó el teléfono y llamó a un abogado. Lucía, que acababa de llegar, alcanzó a escuchar:

—Quiero iniciar el divorcio antes de que lo den de alta.

Lucía se quedó helada.

Pero al día siguiente Mariana regresó con algo todavía peor.

PARTE 2

Mariana entró al hospital con una carpeta azul, un bolígrafo y su anillo de bodas dentro de una bolsa.

Lucía estaba ayudando a Andrés a beber caldo. Él seguía con una pierna inmovilizada y apenas podía incorporarse.

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